Reflexiones

De rulos, lisos, frizz, tintes y otras locuras

Recuerdo los tiempos en que mi madre decía que, mientras todas sus amigas envidiaban su cabello, ella simplemente lo odiaba. Ser zamba o tener rizos era muy In en esos años setenteros. Ahora, ser zamba es simplemente un acto de rebeldía femenina pura porque estamos viviendo en la era de la dictadura del liso extremo y el balayage en el cabello de las mujeres.

No tengo nada en contra de la moda. Yo misma soy una víctima real de ella cada vez que entro a un centro comercial.

Me he levantado de la cama, me he mirado al espejo y he visto que mi cabello realmente no se ajusta a ninguna tendencia actual de peluquería.

La buena noticia es que no soy la única mujer en la misma situación. Sin embargo, muchas de aquellas mismas mujeres de cabello rebelde ya están haciendo algo al respecto. O lo planchan o lo alisan o lo someten a cualquier otro químico legal o ilegal y además, lo tiñen. Sea lo que sea, toman acción contra sus ‘desordenadas’ y poco rubias cabelleras.

Y entonces, ahí, parada frente al espejo, me salta la pregunta: ¿qué está pasando conmigo? ¿qué más espero que suceda en mi cabeza? ¿permitiré que el frizz siga tomando el control de mis cabellos locos?

Ahora, si bien es cierto, no soy zamba como mi madre lo fue. Pero tampoco soy lacia como mi padre lo es. Solo hay algo uniforme en mi cabeza: el color negro.

Entonces, qué soy.

Soy una desordenada mezcla de mechas casi lisas y mechas casi onduladas que desprenden frizz por todas partes. Es por eso que, durante años, lo he amarrado o lo he cortado. Grave error. Debí dejarlo suelto y largo para que exprese su naturaleza y encuentre por sí mismo su forma.

¡Ojo! No fomento una oleada de mujeres despeinadas caminando por las calles. Aunque sería un gran apoyo psicológico para muchas mujeres como yo (solo estoy bromeando).

Después de pensarlo y pensarlo… y seguir pensándolo, decidí. Tomé la tarjeta de crédito, las llaves, algo para sujetar mi cabello y salí a la calle en busca del alisado perfecto y, tal vez, solo tal vez, una ‘iluminación’ a mi cabello negro azabache.

Llegué a la puerta del salón de ‘belleza’. Miré la lista de precios: muy caros, pero aún así, dentro del presupuesto. Muchas mujeres sonrientes salían del salón. Mirarlas pasar por mi lado fue como un déjà vu.

Una tras otra, mismo aspecto, como fabricadas. Solo variaban los tonos y el tipo de balayage. En ese instante, me di cuenta de que yo estaba a punto de ser la próxima muñeca en fabricación. Respiré profundo y entré.

Después de algún tiempo duro sometida a un proceso de ‘embellecimiento peluquero’, salí de aquel salón. No estaba lisa, no me hicieron el balayage. Solo permití que lavaran mi cabello y aplicarán algún químico contra el frizz, algo modesto que mi tarjeta podía pagar.

“Negro, rubio, liso, ondulado, zambo, con frizz… No importa, es tuyo y de nadie más”, me dije. Una moda no puede definir quién eres o cuánto vales.

La próxima vez que me miré al espejo, vi que mi cabello seguía igual y diferente a la vez. Ahora es más hermoso porque lo acepto tal y como es y realmente me gusta.

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2 comentarios

  1. Nada más que tu definición ( que escribe, autopublica, reseña y se divierte) se ajusta a este texto.
    Tu no te preocupes que los rizos se van a volver a llevar jajaja… pero es verdad que todo el mundo parece prefabricado 🙂
    Me divertí leyendo esta entrada.

    Le gusta a 1 persona

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