Reflexiones

A los treinta…

No es fácil llegar a los treinta sin algún desequilibrio mental ocasionado por un repentino despertar a la realidad. Al menos, ese ha sido mi caso. Y estoy más que satisfecha de que haya sido así. Es casi automático, al llegar a esta tercera década de tu vida, todo lo que antes te parecía normal, inviolable, complicado o chévere, simplemente deja de serlo o se reafirma como tal. Y si no me crees, aquí tengo veintiún razones que te harán pensar:

1. EL CUMPLEAÑOS: atrás quedaron las lombrices en el estómago en la víspera de tu onomástico. Por el contrario, ahora se convierte en una pesada actividad más que debes cumplir dentro de tu ajustada agenda rutinaria. Bueno, no siempre, estoy siendo un poco dramática. Sin embargo, algo de pesado tiene el día de tu cumpleaños porque te das cuenta de que a partir de ahora, la sensación de la cuenta regresiva antes de morir irá más rápido. En mi caso, mi cumpleaños siempre ha sido un día en el que me ha gustado pasar desapercibida, pasarlo haciendo lo que realmente me gusta y responder uno que otro saludo cariñoso de quienes se acordaron (aunque ahora con Facebook, todos se convierten en personas cariñosas que saludan), pero no incluyo las fiestas en mi honor. Lo sé, soy un poco rara y yo diría que hasta hermitaña, pero creo que esta actitud se ha reforzado más a partir de mi cumpleaños treinta.

2. LA NAVIDAD: además de haberte dado cuenta de que es la época del año en donde hay más desorden en las calles y cuando la gente gasta más dinero casi por inercia o psicosis social; muchas veces, la Navidad deja de tener sentido para ti. Sí claro, es la época de las vacaciones o días libres del trabajo o los estudios, es también el momento de ver a familiares o amigos que no veías hace mucho porque prácticamente solo se acuerdan de ti en Navidad. Y ahí viene mi punto. No es justo que las personas solo tengamos pensamientos, deseos buenos y positivos o nos humanicemos en una sola época del año mientras que el resto del año somos literalmente parásitos sociales o robots en función de piloto automático. Otro aspecto es tu casa, solo te esfuerzas por limpiarla o decorarla en Navidad porque sabes que otros la verán y tu ego te impulsa a exagerar en el esmero del ornamento hogareño. Creo que podríamos manener nuestras casas lindas durante todo el año, porque las personas más importantes que la verán seremos nosotros mismos. Por todo esto, ya no me emociona ni me mueve nada la Navidad, excepto por el bono navideño 😉

3. LAS FIESTAS: como dije arriba, nunca fueron mi punto fuerte, pero tengo que admitir que me he divertido mucho. En esta etapa de tu vida te das cuenta de que todas consisten básicamente en el mismo proceso: outfit diferente al que usas a diario, tomar mucho alcohol, hablar tonterías bajo los efectos del alcohol, hacer muchos “amigos” que bebieron la misma cantidad de alcohol que tú, bailar como si al día siguiente fuera el fin del mundo, asegurarte de que tendrás resaca a la mañana siguiente y luego presumirla para que todos sepan que te divertiste muchísimo. De todos estos aspectos, me quedo con el alcohol y el baile. Creo que solo por eso me siguen gustando las fiestas, de vez en cuando.

4. LAS BORRACHERAS: a esta edad dejas de fingir y presumir resacas para pasar a sentirlas realmente y esconderlas. Hablemos claro, si tuviste una vida bohemia durante tu década anterior, tu hígado te pasará la cuenta. Ahora el alcohol se siente más pesado y empiezas a entender a aquella tía que siempre se medía con el alcohol durante los brindis. Sí, empiezas a ser una(un) “alcohólica(o) social responsable”. Ahora cada copa no te sumará diversión, más bien te la restará.

5. LAS DROGAS: si viviste una primera juventud intensa, habrás probado una que otra droga, legal o ilegal. Quizás empezaste tímidamente con marihuana, en el medio alguien te llevó al lado oscuro invitándote cocaína y terminaste con el espíritu elevado cuando participaste en una sesión de Ayahuasca. Tal vez te volviste un poco adicto o tal vez no. Entonces, qué pasa ahora, después de probarlas casi todas, o al menos las más populares, un día, de repente, te sientas en tu sillón de terciopelo y te preguntas “¿por qué lo hice? ¿qué buscaba?” muchas respuestas son posibles. Muchas veces, sentirás que aún las necesitas para sobrellevar ciertos momentos de tu vida, pero también, habrá momentos en los que simplemente disfrutarás de tu realidad en esta dimensión: la física, la tangible, tu vida real e irrelevante (estoy bromeando con lo de “irrelevante”); es entonces cuando te das cuenta de que ya no las necesitas para seguir viviendo. Si matas a tus adicciones, entonces te sientes libre, entonces te sientes completo… es posiblemente lo que buscabas en aquellas drogas.

6. LOS AMIGOS: a esta edad, tu cerebro se vuelve más intuitivo y entonces aprendes a determinar e identificar a los verdaderos amigos. Esas personas que son más que gente que solo te saluda en tu cumpleaños o navidad. Me refiero a esas personas que hemos clasificado con el cliché de “la familia que escoges”. Porque son precisamente eso, la familia que escogiste, esa familia cuyos miembros son completamente diversos y raros como tú, con tus mismas afinidades y que siguen a tu lado a pesar del paso de los años y de todas tus idioteces. En este punto, eres consciente de que no necesitas tantos amigos como las redes sociales te hacen creer. Aquí aplicas eso de “calidad y no cantidad”. Tu espíritu minimalista sale a flote y entonces solo te quedas con lo que es verdaderamente necesario en tu vida: tus tres o cuatro amigos.

7. EL AMOR: no más llantos ni pensamientos de suicidio cada vez que alguien te termina. Muchos podrían decir que se te endurece el corazón, pero la verdad es que, creo que no es así. Al contrario, tu corazón se vuelve más flexible, empiezas a entender la naturaleza humana en materia de sentimentos románticos. Te das cuenta de que el amor está, metafóricamente hablando, en cada esquina. Todos somos iguales, mujeres y hombres. Un día piensas que no podrías vivir más sin esa persona porque es muy especial para ti, pero, después de un tiempo conocerás a otra persona que considerarás de la misma forma. No quiero decir que no exista el amor verdadero y duradero. Solo quiero decir que nuestro entendimiento del amor cambia por la propia experiencia. En esta etapa ya aceptamos que la otra persona no sienta lo mismo que nosotros, ya aceptamos la idea de que el amor se acaba o se muere por aburrimiento. Se empieza a afianzar el amor propio y el respeto por los sentimientos de los demás. Entonces nos dedicamos a amar solo a la persona que, no siempre será ideal para todos, es ideal para nosotros. Entiendes que puedes encontrar a tu “perfect match” y disfrutar del amor puro y sano; pero, también entiendes que él/ella no necesariamente tiene que ser “para siempre”.

8. LA FE: en mi caso, las cuestiones de fe han estado presentes durante toda mi vida. Siempre me he estado preguntando si existe Dios o no. Esto quiero hacerlo personal porque sé cada quien tiene su propia perspectiva de la divinidad. Para mí, Dios ha sido un ser que se ha ido transformando al mismo ritmo que yo lo he hecho. Dios y yo hemos pasado por etapas durante nuestra relación. Primero he sentido curiosidad por Dios, luego miedo porque me enseñaron a sentirlo, después me he enojado mucho con Dios, varias veces y muy fuerte. Le he llegado a decir “cretino” con mi pensamiento (así, en masculino, porque pensaba que Dios tenía género xD). En algún momento, negocié con Dios: un sacrificio por un deseo cumplido. Finalmente, me he sentado frente a Dios y hemos tenido una conversación muy seria y profunda. Ahora somos amigos que, de mutuo acuerdo, hemos abandonado a la religión, pues nuestra relación se ha vuelto directa. Le he obsequiado mi alma para que pueda volver a vivir en ella.

9. LOS LIBROS: si te dejaron de entretener las drogas, créeme, los libros se convertirán en tu nueva adicción. Y a esta edad tienes varias ventajas. Por ejemplo, tu casi estabilidad económica te permitirá comprar libros originales y decirle “adiós” a la piratería. Te sentirás una buena ciudadana. Otra cosa es la increíble capacidad de los libros para hacerte sentir que vives muchas vidas, a veces sin moverte de tu cama. Esa sensación ahora será más profunda, es más, te meterás tanto en los personajes que ahora sentirás que, por tu experiencia, puedes hasta darles algunos consejos para vivir sus historias. Además, y tal vez lo más importante, los libros te darán esa diversión pausada y tranquila que tanto deseas después de un agotador día de trabajo. Recomendable acompañar la lectura con unos aperitivos y una bebida de tu elección.

10. EL HOGAR: si al igual que yo, dejaste de ir a la iglesia hace muchos años, entonces entenderás que tu hogar será tu nuevo templo. El espacio en donde harás lo que te dé la gana sin tener que rezar antes. Para ser más específicos, y si aún vives con tu familia primaria (padres, hermanos, etc.), tu habitación se convertirá en tu lugar favorito en el mundo. Allí, puedes andar desnuda(o), tirarte pedos, comer en la cama, escuchar tu música rara a todo volumen, usar el Internet a tu antojo, hacer zapping en la TV, probarte ropa y mirarte al espejo para ver cómo te queda, dormir con tu mascota, leer en paz, quedarte mirando el techo… etc. mi lista podría seguir… y sí, todo eso ya lo he hecho y amenazo con seguir haciéndolo en los próximos años.

11. LA MÚSICA: al igual que con los amigos, puedes vivir con tres o cuatro y te aseguro que serás feliz. Alguien dijo una vez que, o me lo he inventado, la música es vibración que desordenadamente se convierte en sonido. Si esto es cierto. Te recomiendo que empieces a abrir la playlist de tu mp3 y selecciones solo aquella música que vibra contigo, con tu nuevo yo. El resto no la elimines (podrías necesitarla en alguna borrachera), pero guárdalas en un archivo cuyo nombre no recuerdes.

12. EL TRABAJO: si un día, parada(o) en la estación del bus, de repente tienes un momento de lucidez mental y te preguntas “¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿a dónde realmente me lleva este bus?”; entonces es momento de replantear tu plan de vida. Si la respuesta es “estoy perdiendo mi tiempo”, “en realidad no voy a ningún lugar”; entonces es momento de pararte frente a tu jefe, mirarla(o) fíjamente a los ojos y decirle: “renuncio”. Es posible que tengas algo de dinero ahorrado, entonces el impacto no será tan doloroso; pero, también es posible que después de renunciar tengas que alquilarte como payaso de fiestas infantiles para generar ingresos, o algo así. Sin embargo, te darás cuenta de que cualquier cosa será mejor antes que seguir haciendo algo que realmente odias. Este tiempo de “vacaciones” o “trabajos forzados para no morir de hambre”, te ayudarán a replantear todo en tu vida hasta este punto. Te ayudará a conocerte y hacer realidad eso que tanto quisiste hacer en algún momento. Si de verdad es tu pasión, créeme, te pagarán por hacerlo. Claro, siempre es posible que ante las dos preguntas del inicio de este minitexto, tu respuesta solo te ayude a descubrir que estás en el lugar correcto, que no sueñas con hacer realidad tu pasión, estás viviendo de tu pasión.

13. LA FAMILIA: puede ocurrir dos cosas, o te refugias en ella porque entiendes que lo es todo en tu vida, o te alejas lo más posible de ella porque te das cuenta de que es irremediablemente tóxica. En mi caso, siempre trato de mantener el equilibrio: ni muy cerca ni muy lejos. Aunque desde muy pequeña, entendí que a la familia la amas más cuando más lejos la tienes (sobre todo, la familia secundaria: tíos, primos, sobrinos, etc.), pienso que eso no debe cumplirse al cien por ciento. A veces necesitamos a ese primo abogado que te sacará de ese problema en que te has metido (solo estoy bromeando, otra vez). Hasta ahora me ha resultado, por eso sigo amando a mi familia. Trato de respetar los espacios, los momentos y evito los chismes o negocios familiares. Siempre evito involucrar a mi familia en mis asuntos personales; pero, por supuesto, siempre estoy disponible para ellos en Navidad 🙂

14. EL DINERO: ahora todo te parece carísimo. Y no es que tengas menos dinero, solo es que entendiste EL VALOR DEL DINERO. Entendiste que en este mundo, todo se compra y todo se vende. Incluso tú misma(o). Empiezas a calcular el tiempo de tu vida que pasas trabajando y lo comparas con el dinero que recibes a fin de mes por ello. Descubres que, para ti, tu tiempo vale más que el dinero; pero para tu jefe, el dinero vale más que tu tiempo. Entonces empiezas a ahorrar… para algún día, con algunos ceros más en tu cuenta bancaria y un poco de valor moral puedas renunciar o jubilarte con dignidad.

15. LAS METAS: no sueñas más con entregar tu vida por tener el PhD, la casa de playa y el auto cero kilómetros que alucinaste a los quince años. Y claro, aún te gustaría tenerlos, ¿a quién no? pero es que ahora conociste algo llamado “impuestos”, “préstamos bancarios”, “mora”, “acumulación de intereses por falta de pago”, etc. Entonces, te vuelves más modesto y empiezas a proyectar metas más reales a tus posibilidades. Después de todo, nadie se muere por solo haber conseguido una licenciatura, un humilde departamentito o una bonita bicicleta ¿o sí? y siempre está la opción de recurrir a la frase esperanzadora: “tal vez mis hijos lo consigan”.

16. EL ÉXITO: he vivido ocasiones en las que me he sentido exitosa por terminar de limpiar mi casa, lavar mi ropa, bañar a mi mascota, cocinar y enviar ese importante mail antes del mediodía en un día sábado. Eso no significa que ahora minimices tu éxito por haberte graduado de la universidad, haber conseguido el trabajo de tus sueños o ganar algún premio. Por el contrario, ahora todos tus logros, no importan si son “importantes” o no, serán cosas que te harán sentir exitosa(o). A esta edad, entiendes que el éxito no siempre son las cosas que obtenemos y que son socialmente aceptadas como “exitosas”; entiendes también que, el éxito va desde hacer que tu mascota haga trucos, pasando por lograr que te aumenten el sueldo o viajar sola(o) por el mundo hasta, tal vez, conseguir que tú y tu pareja queden embarazados. Para ti, el éxito empieza a transformarse en un estado mental de plenitud y no un estatus de “prestigio” en la sociedad.

17. LOS SUEÑOS: te empiezas a cuestionar todo. Una fila de recuerdos que vienen desde tu niñez desfilan por tu mente. Entonces te ves siendo dibujante, doctora(o), astronauta, conductor(a) de tren, piloto, policía, mamá, cocinera(o), guitarrista, bailarina(ín), bombera(o), dragón, unicornio, influencer, etc. Muchos llegan a esta edad soñando lo mismo que soñaban a los cinco años. Pero también hay muchos otros que cambian de sueño. Y es que, es así. No sirve de nada sentir frustración por no haber logrado ser a los treinta años algo que soñamos a los cinco. Los sueños cambian y se multipplican con el paso del tiempo. Ahora comienzas a comprender esto y entonces cada día es una oportunidad para cumplir uno de tus sueños. Algunos recurrirán a las clases para adultos, talleres, grupos temático, etc.; otros simplemente transformarán cada una de sus acciones pendientes en sueños por cumplir. Por ejemplo, ahora mi próximo sueño es terminar este Post y lograr que muchas personas lo lean. Sueño en proceso de cumplimiento.

18. El LEGADO: casi se convierte en una especie de acoso social hacia tu persona. Cuando hablamos de legado frente a una persona de treinta años o más, por lo general, todos piensan inmediatamente en HIJOS. Y es más que sabido que esta presión social se aplica con más crueldad a las mujeres. Frases como ¿y tú, para cuándo los hijos? ¡después de los treinta es más difícil quedar embarazada?… Y no es que aborrezca o descarte la idea de tener bebés llorones que prácticamente gastarán todo mi dinero hasta que sean mayores de edad (o más), es solo que evito pensar en ello porque considero que tener hijos no es el único tipo de legado que soy capaz de entregar a la humanidad (já, como si la humanidad estuviera interesada en mi legado). Pienso que, además, sembrar un árbol, escribir un buen libro, reciclar, ahorrar agua, andar en bicicleta, etc. también son legados importantes porque, además, son escasos en el mundo. Te darás cuenta de que esos otros legados son, muchas veces, más importantes para la supervivencia de los abundantes “legado-bebés” que ya tenemos en el planeta.

19. LA AUTOESTIMA: es una de las mejores partes de cumplir treinta. Te sientes poderosa(o), autosuficiente y segura(o). No más rechazos frente al espejo. Todo te queda bien y tus cabellos jamás brillaron tanto. No importa lo que digan los demás, repito, NO IMPORTA. Solo eres tú y tu amor propio en perfecto amorío. Es entonces cuando tomas riesgos, usas esa prenda escondida en tu clóset y te dejas el cabello al natural. El resto, NO IMPORTA.

20. LA SOLEDAD: mientras que antes le tenías pavor a estar solo, ahora, muchas veces, la soledad será la perfecta compañía para pasar un fin de semana tranquilo. Solo tú y tus locuras, siendo libre, plena(o), rebozante de infinita independencia. La concentración mejora, el autoconocimiento mejora, la comida es solo para ti, el silencio es relajante y la creatividad se desarrolla. Eso sí, siempre tienes la opción de llamar a tus tres o cuatro amigos cuando te sientas demasiado solita(o).

21. EL CUERPO: nunca más volverá a ser el de antes. Ahora, tienes que ser más cuidadosa(o) con cada papa frita que comes. Cada caloría cuenta. Adiós a la elasticidad y firmeza de tus músculos. En este punto, la idea de una membresía en el gimnasio ya no te parece un gasto innecesario o superfluo. Es posible que, también, empieces a poner en práctica cada dieta nueva que escuchaste, leiste o viste. Comer sano ya no te suena tan aburrido. Pero cuando no funciona nada de lo anterior, es bueno apelar a tu renovada autoestima para combatir la frustración. Solo algo es cierto y seguro en este aspecto: tu cuerpo jamás volverá a ser el mismo y el tiempo y la gravedad serán tus nuevos adversarios.

Podría pasarme horas de horas enumerando muchos otros temas, pero la verdad ya me dio un poco de sueño, y apenas son las nueve de la noche ;(

La verdad es que, cuando llegas a esta edad (no para todas la personas) te das cuenta que al final solo quieres amar, comer, rezar (cliché de Best Seller y película de Hollywood), vivir en paz y envejecer con dignidad, el resto pierde relevancia ¡es mierda!

Por eso, a quienes aún no llegan a los treinte, les digo: “los espero con los brazos abiertos en la base tres…”; y para los que ya llegaron a este maravilloso mundo de los treintones, les digo: “continúen haciendo lo que hacen si de verdad les gusta y los satisface; de lo contrario, cierren esa página y empiecen una nueva sin importar que eso signifique empezar de cero, ustedes lo valen.

Buenas vibras mis lectores, desde la tierra de los Incas.

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