Reflexiones

Mañana podría morir

Qué pasa cuando eres consciente de que tu existencia en este mundo está limitada. Mucho panoramas son posibles ante tremenda revelación. Podrías sumergirte en el pánico más patético, podrías resignarte pasivamente o, tal vez, podrías empezar a vivir como nunca antes lo habías hecho.

Ayer me hice esa pregunta y mi alma no supo cómo responder. De inmediato, una ola de escenas desfilaron por mi memoria. Mi infancia, mis primeros años en la escuela, el rostro del primer chico del que me enamoré, mi madre preparando mi comida favorita, mi padre conduciendo su auto para llevarnos a pasear, mis hermanas organizando mi primera y única fiesta de cumpleaños, el meneo de la cola de todos los perritos que he tenido como mascota, esto último incluye varias aves y una lagartija que perdí en el jardín de mi casa. Son muchos recuerdos durante tan pocos años. Ahora me parecen poquísimos años. ¿Tendré oportunidad de albergar más recuerdos en mi memoria antes de mi fatídico día? Mañana podría morir y estoy perdiendo el tiempo ahora mismo.

Ya sea que la noticia me venga de un médico, del tarot, de un sueño o de una revelación divina, el hecho sigue siendo el mismo: voy a morir. Cuando somos conscientes de esa verdad tan real, ya nada importa más que VIVIR. Sí, así, VIVIR, con mayúscula. Tus “problemas” económicos, amorosos, laborales y hasta existenciales se convierten en trivialidades que solo te hacen perder tu tiempo limitado. Ya no importa si te peleaste ayer con aquel vecino o con aquel amigo. Hoy solo tienes ganas de saludarlo, y, por qué no, abrazarlo y decirle que lo lamentas mucho, ya no te importa quién tenía la razón y quién estaba equivocado. El cansancio de tu cuerpo se desvanecerá automáticamente y le darás esos minutos extras de entretenimiento a tu mascota, a tus hijos, tus padres o tu pareja. Ellos se lo merecen, y tú, tú aún más. No hay tiempo que perder. Esas monedas en tu bolsillo podrías perderlas o gastarlas en productos inútiles, mejor es dárselas a aquella persona que desde el suelo de la calle te las pide porque las necesita. Ese vestido, esos lindos zapatos o esa corbata de seda… de repente sabes que es momento de usarlos, siempre fue el momento, pero solo ahora te das cuenta…

Mi lista de cosas postergadas podría continuar, pero me detendré aquí porque no quiero aburrirte y porque creo que ya entendiste el mensaje.

Somos tan efímeros. Nuestra trascendencia en este mundo es tan breve. Sin embargo, nos gastamos la vida pensando en “mañana” y olvidando nuestro “ahora”. Tal vez ese MAÑANA nunca llegue y tal vez nuestro AHORA será la única eternidad de la que gozaremos.

No estoy padeciendo de depresión y tampoco estoy pensado en suicidarme. Tampoco intento convencerte de tu limitación existencial. Podrías seguir haciendo cosas irrelevantes para tu vida hasta que, ¡PUF! la santa muerte toque tu hombro. Lo único que pretendo es invitarte a pensar un poco en aquella posibilidad: “mañana podría morir” entonces ¿qué hago mientras tanto?

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