Reflexiones

La prostitución del amor

AMOR, AMOR, AMOR… “All you need is love” le decían los Beatles a mis padres. Estoy un poco amoxicada en estos días. La existencia de la palabra se está prostituyendo. Ahora,  cada comentario, mensaje o frase cliché termina en esa palabra.

Todos tenemos que estar enamorados o dar y recibir amor para poder encajar en este mundo que nos exige estar felices y enviar buenas vibras todo el tiempo. Me incluyo, porque no hablo desde la trinchera contraria. Tampoco soy una versión latina de Merlina Adams (aunque algunas amistadas piensen que sí: ja, ja.)

Yo también soy parte de la onda amorosa. Desde mi acercamiento al New Age, y todo lo que eso implica, he ido por ahí repartiendo amor y paz a cada inocente mortal que se me ha cruzado en el camino. Y digo inocente porque el individuo realmente creyó que yo le estaba dando mi “amor” mientras que yo solo quería ser amable. Seguro también les ha pasado eso de pasarse de “amables” al pronunciar la palabra “amor” con cada desconocido buena gente que conocen. Tal vez, solo tal vez.

Ya sé, dirán que soy una resentida y que seguro que alguien me acaba de romper el corazón y que por eso escribo esta entrada. Pues sí, me han roto el corazón muchas veces y he experimentado esa sensación de ego herido que termina en lágrimas que humedecen la almohada por las noches. Lo cual me ha llevado a transformar mi palabra “amor” por “lo detesto”; pero ahora nadie me ha roto el corazón, por el momento.

Entonces, ¿cuál es el motivo de mi texto? Solo es que decidí escribir esto porque realmente quiero saber si el amor que damos a todo el mundo en la actualidad realmente sirve de algo. Al parecer está funcionando, pero a medias, porque la gente no deja de matarse, violarse, humillarse, robarse, etc., etc., etc. en todas partes y en cada momento. De este modo, el “amor” hoy en día se ha convertido en un mero hashtag, una etiqueta más que combina y suena bien en nuestras vidas.

Desde que pude expresarme con claridad en mi idioma, entendí que el lenguaje funciona más o menos así: pensar, expresar, sentir. Pero nosotros lo estamos haciendo todo mal. Mi humilde opinión.

En primer lugar, ya no pensamos lo que decimos. Las palabras se escapan de nuestros labios tan atropelladamente que hasta la pronunciación se nos enrieda en la lengua. Estamos como automatizados, programados a decir o no decir tal o cual cosa a ciertas personas. Mientras más adornado sea el discurso e incluya la palabra “amor”, será mejor. Ya no necesitamos pensar. Las palabras o expresiones precisas las tenemos incluidas en una lista de “cosas por decir” en alguna parte de nuestro cerebro.

En segundo lugar, estamos solo expresando palabras o gestos que son “cultural o socialmente aceptados”. Reprimiendo nuestros impulsos lingüísticos más vulgares o sinceros. Dándole más crédito a las frases bonitas que nos hacen ver como personas más bonitas ante los demás. Y como dije arriba, nombrar al “amor es un gesto de cortesía más para parecer empáticos con los demás o para obtener más likes en la vida virtual del Internet de buenos modales y doble moral.

En tercer lugar, estamos perdiendo la facultad de sentir profundamente. Eso que es tan maravilloso como lo es el AMOR, se está mercantilizando. A pasado a ser propiedad de algunos pocos que piensan que nos lo pueden vender con algunas terapias emocionales, cuando realmente hemos olvidado que el verdadero AMOR, ese que se siente desde los huesos, habitó, habita y habitará siempre en nosotros. Es intenso e infinito. Y no necesitamos buscarlo afuera de nosotros mismos.

Para terminar, la próxima vez que pienses, digas o creas sentir AMOR por alguien o algo en este pequeño mundo, pregúntate qué es lo que verdaderamente está pasando en ti cuando toca tu ser el AMOR. No solo te obsesiones con disparar la palabrita y cada persona que conozcas. Ojalá te hayan brotado más dudas como a mí con respecto a este tema, dudas como: ¿a quién le estoy dando mi amor? ¿por qué? ¿hay un límite para entregar amor?

Espero tengas algunas respuestas a esas preguntas (porque yo aún no las tengo). Me encantaría conocerlas.

Y ahora, pues… te deseo mucho AMOR y BUENAS VIBRAS 🙂

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2 comentarios

  1. Bueno, el amor lleva mucho tiempo siendo ya mercantilizado como terminología para apelar al sentimiento en vez del raciocinio y provocar impulsos y deseos falsificados. Mejor dicho, creando necesidades que ni se tenían, ni se tienen. De todos modos, el amor en su forma telenovelística o romancera, ese amor lujurioso heterosexual está muy sobrevalorado y trae tras de sí un bagaje de siglos llenos de cliché y costumbres impuestas. Ni teniendo sexo sin amor es pecado ni la necesidad de tener un vínculo emocional mínimo con la otra persona para poder acostarse con ella es malo ni rancio ni viejo. Pero sí que es verdad que la unión entre el amor y el sexo como algo indivisible no es un comportamiento natural sino una imposición cultural desde la primera sociedad patriarcal. Por otra parte, muchas veces se confunde demasiado el amor con la pasión, con ese cariño lujurioso cuando una persona te atrae, te gusta, te pone, pero bueno, supongo que queda más chachiguay decir que amas a una persona a la semana de líarte con ella en vez de reconocer que simplemente tienes un subidón fruto de una alteración hormonal y qué eso, colega, no es amor. Y tampoco lo es la función empática con la que llegamos al mundo la gran mayoría de los seres humanos (excluyendo sociópatas) qué, al igual que el amor también, tiene una utilidad característica en la evolución del mamífero que acabó siendo nosotros mismos y que nos ha permitido evolucionar y colaborar en grupos y sociedades. Sin embargo, aunque sepa que ni el amor ni la empatía ni la lujuria son mágia divina ni sentimientos azarosos no me impide dedicarme a ellos y disfrutarlos en su medida y en el órden adecuado para no mezclar y alterar los factores.

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