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Armando un CV

Nadie me dijo al nacer que, algún día tendría que unirme a la masa trabajadora de la sociedad y tener que pasar por la tediosa y traumática experiencia de armar un CV.

Tengo cuatro ideas sueltas en mi mente: datos personales, estudios, experiencia laboral e intereses.

Datos personales: esta es la parte más fácil, la que más me sé. Creo que he podido llenarla desde que estaba en el jardín de niños, pues, mi madre me instruyó al respecto hasta decir ‘basta’. Estos datos los tengo pegados en mi mente. Ya saben, por si algún día me pierdo o pierdo la memoria, éstos estarán tan interiorizados en mi subconsciente que será imposible olvidarlos. De modo que, ya pues, los datos personales los tengo más que bajo control. ¡Hecho!

Estudios: sería muy bueno ser sincera en esta parte con mi futuro(a) jefe o jefa y contarle toda mi experiencia académica. Empezaría por decirle que, fui una niña rara en el jardín de niños, casi no tenía amigos y lloraba todo el tiempo porque extrañaba los engreimientos de mi madre en las mañanas. Continuaría contándole que, en la primaria, al menos solo lloré el primer día de clases, luego me adapté a eso llamado ‘sistema educativo’. Me adapté tanto que, terminé la primaria siendo la mejor alumna de mi clase. Solo puedo decir que terminé sediendo al sistema. La secundaria la empecé muy bien, y al decir bien, me refiero al hecho de que seguí con buenas calificaciones y siendo obediente. Sin embargo, las ‘malas influencias’ siempre te alcanzan cuando eres adolescente. Yo no fui la excepción. Pasé de sentarme en la primera fila de asientos a sentarme con mi grupo de ‘amigotes’ en la última fila de la clase. Ahí eramos felices todos, todos: la delincuencia estudiantil. Querido futuro(a) jefe(a), temo decirle que, al salir de la secundaria, hubo un enorme lapso de cinco años sin estudios en mi vida (algún día les contaré por qué). Luego de cinco años de soltar los lápices y cuadernos, decidí ir a la universidad y estudiar lo que nadie sueña estudiar a los cinco años: traducción e interpretación de idiomas (y encima, en universidad de mujeres). Sí jefe(a), me pasé cinco años rodeada de mujeres estudiando cómo rayos paso un texto de un idioma A a un idioma B sin cambiar o traicionar el mensaje original. Fue un camino divertido mi paso por la universidad, conocí a más mujeres de lo que me hubiera gustado conocer, pero fui feliz. Definitivamente, eso de la universidad se lo recomiendo a todo el mundo, podrían ser los mejores años de tu vida.

Experiencia laboral: olvidé contarle, querido(a) jefe(a) que, mientras estudiaba en la universidad, también trabajaba en supermercados y otros centros comerciales los fines de semana y en las vacaciones de verano. Pero, sí, ya sé, esta parte debería omitirla porque no suena ‘muy profesional’. Solo quería que lo sepa, por si algún día usted me despide sin carta de recomendación: le aseguro, podría desempeñarme en otros ámbitos laborales, no se crea el único, querido(a) jefe(a). Sigamos, al graduarme de la universidad, la calle de la amargura empezó a coquetear conmigo. Mentira, solo estoy dramatizando un poco. Empecé a trabajar como traductora freelance (muy parecido a la calle de la amargura, pero con más privilegios), como profesora particular de inglés, español y hasta me lancé dando clases de francés. Como verá, no tengo cartas de recomendación ni certificados de trabajo al respecto, solo espero que confíe en mi palabra. Ahora que, intento madurar y someterme al sistema, intento ocupar el puesto que usted me ofrece, querido(a) futuro(a) jefe(a).

Intereses: tal vez, esta sea la parte en la que más podría extenderme, pero sé que usted no tendría el tiempo para leerme, así que trataré de ser breve. Me interesa la escritura, los idiomas, los viajes (pasión), la espiritualidad, la fotografía, los paseos por la playa, el dibujo, escalar montañas, tejer a crochet, leer más de tres libros a la vez, escuchar música con audífonos y ojos cerrados mientras voy en los buses, ir a marchas por causas justas, no ir a votar cada cinco años en mi país, enamorarme y ser correspondida. De hecho, querido futuro jefe, todo eso lo he estado haciendo durante el último año. Sí, acabo de llegar de un año sabático en el cual hice todo lo que acabo de contarle, pero tuve que ponerle fin porque… ya no tengo dinero.

Sería muy bueno poder contarle todo esto a mi futuro(a) querido(a) jefe o jefa y así nos conoceríamos mejor. Pero solo me puedo conformar con anotar mis datos personales sueltos y sin contexto, los nombres de los centros donde estudié, la cronología de mis trabajos e inventarme algunos aburridos intereses que coincidan con las expectativas de mi querido(a) futuro(a) jefe o jefa.

No hay de otra, necesitamos dinero…

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