Historias

Esperando la tarde

Un día me encontré a mí misma esperando a la tarde. Toda la mañana estuve ansiosa por ver apagarse a aquel imponente sol con el trancurso de las horas.

Mi frente sudaba, mis hombros desnudos se recalentaban, mis manos se enterraban en la arena, pero yo no me rendiría. Allí me quedaría sentada sobre mi toalla para despedir al astro rey.

Finalmente, el día se fue convirtiendo en  tarde y mi mirada solo apuntaba a esa gran bola amarilla que se iba destiñendo arriba en el cielo. Mi querido sol ya estaba terminando su jornada y se iba a descansar para mañana, muy temprano, volver al mismo lugar.

Mientras lo veía desaparecer, sacudí de mis manos la arena, sequé el sudor de mi frente, me puse de pie y cubrí mis hombros con la toalla sobre la que había estado sentada. Debía irme a descansar yo también. Al día siguiente tendría una importante cita en aquel mismo lugar.

Punta Hermosa, Lima.

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