Reflexiones

En el bus

Cuando vas en un bus recorriendo la ciudad, ya sea para ir a estudiar, trabajar o visitar a alguien, la vida te parece tan efímera.

Vas sentado (en algunos casos) mirando el mundo pasar frente a tus ojos.

Las personas no son más que pasajeros subiendo y bajando mientras que el conductor se convierte en una especie de Dios en el que confiamos para que nos lleve a nuestro destino.

Solo somos observadores, pasivos, inertes y a la vez indiferentes.

Si alguien estornuda, ni siquiera decimos “salud”. Por qué lo haríamos, no conocemos al agripado. Además, pronto bajará o bajaremos y todo, todo, lo habremos ololvidado.

Cuando alguien sube, lo miramos de pies a cabeza, pero de inmediato volvemos a fijar nuestra atención en aquello detrás de la ventana del bus, aquel vidrio que nos separa de la realidad.

No existen conocidos ni gente por conocer, solo tú, tus audífonos y los ídolos musicales que te cantan al oído.

No quieres amigos, no quieres familia. Una parte de ti desea que el viaje continúe, otra parte de ti solo desea llegar a tu destino…

Finalmente, debes bajar de ese común, pero único bus. Tu bus.

Era tan bonito ver la vida desfilar frente a ti sin tener que involucrarte.

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